cuento narrativa breve

El deber cumplido
Andrés Díaz Marrero

Narrativa breve
Literatura para jóvenes y adultos
Cuentos de Puerto Rico


"¡Maldito sea! No quiero seguir pensando en eso; es que estoy... ¡Eso es!, estoy nervioso. No quiero saber más de este asunto. Con la ayuda de Dios, me consigo una pensioncita y me retiro. ¡Diantre!, yo... yo no quería... yo sólo... ¿Será que soy blandito como dice el teniente? ¡Qué escalera más larga! Bueno, ya llegué, !Qué mier..! No. No debo de hablar así. Yo no acostumbro a expresarme de esa forma. ¿Estarán todas esas personas esperando al... al médico. ¡Qué médico ni que ocho cuartos, es un siquiatra y se acabó! Bueno, si puedo pensar, en forma clara y lógica, como lo hago, entonces estoy bien; es decir, estoy completamente cuerdo; sí, sí, tal vez un poco nervioso... ¡Aunque cualquiera se pone así! Uno se embolla en... en el... en ese trabajo, y... Deja sentarme, mirar alguna revista, leer algo. cualquier cosa para matar el tiempo. ¿Matar? ¿Por qué no puedo olvidar esa maldita palabra!" -¡Coño! -Perdonen señores; perdone usted señorita. Fue un pensamiento en voz alta; ¡perdóneme!

“Déjame hojear esta revista. ¡Qué metida de pata! Siento cómo si todos me estuvieran mirando. Cerveza Schaeffer es la mejor cuando... Una palabra se le zafa a cualquiera. La cuenta Ideal es... El reloj irrayable... La salchicha del sabor... Tome Pepsi... Me están mirando; yo sé que me están mirando; pero no los voy a mirar. ¡Anuncios! ¡Qué muchos anuncios! Bueno, aquí hay algo: Diez síntomas que anuncian la infidelidad de su pareja. Interesante título. Aunque, eso no va conmigo; pero, hay que leer de todo, pues como dice el refrán, Cuando uno está de malas hasta la mujer... ¡Ah!, llamaron a otro; pronto llegará mi turno. ¡Dios mío! No hago nada más que estar un ratito sin hacer nada y vuelvo a pensar en... ¡y no quiero! Fue una equivocación; esas cosas pasan. Me acuerdo de la vez que cogí al hijo del senador con estupefacientes.

Bueno, eso de meterse uno con los de arriba, de que me trasladaran a Vieques o a Culebra, a la verdad que no me agradaba; en esta vida el pez grande se come al más chiquito. Lo del hijo del senador había que dejarlo quieto. ¡Claro que cogí mi ayudita! Turnos de día, cero plantón, cero quemarse en el tráfico del medio día con el sol pegado a la espalda... ¡No señor! Mejor el patrullaje en auto, y, bueno, había que cobrar el favorcito. Después de todo, ¡allá Marta con sus pollos!, el que quiera drogarse que se... ¡Tan bien que me iba! ¡Qué más podía pedir, con seis años en la fuerza y sargento. ¡Lo qué son las cosas, tener que pasarme ésto! ¡Esa mujer, qué linda es! La verdad es que tiene unas piernas... ¡qué si yo... Yo soy un hombre joven y tengo la vida por delante... Con la pensión que el Fondo del Seguro me apruebe y lo que reciba del Seguro Social, se vive bien; y ésto es pa' seguida, pues por los nervios no hay que someter tanta evidencia. Los siquiatras con tal de mantener el negocito... ¡jum! ¡Olvídese usted!, que en este país todo se compra; y yo no soy el único que... Bueno, para mí lo primero es la salud; aunque en este trabajo que tengo siempre se tiene la vida en peligro. ¿Tengo? ¡Tengo no, tenía! Tenía porque lo que soy yo aprovecho, y ... Hay que pensar siempre positivo; todo me va a salir bien. ¿Claro que...”

-Sí gracias. ¡Ay!, lo siento, creía que era por esa puerta. Sí, sí, ya sé. “¡Cómo se gana los pesos este médico!, con aire acondicionado alfombras a todo lujo...”

-Gracias, ¡Sargento Riollano para servirle! No, de Comerío; del Salto de Comerío. Mi familia todavía vive por allá. Bien doctor, lo que pasa es que odio a la gente que quiere pasarse de la raya. Ese tipo era de esos... usted sabe, había una huelga, yo... yo, yo... bueno, aquel día en la mañana... dio un discurso frente a los portones de la empresa y allí habló pestes del Cuerpo; o sea de la Uniformada. ¡Nos embarró como le dio gusto y gana! Dijo que nosotros éramos peones de los ricos. Que estábamos en contra de los trabajadores y en contra de nuestros propios intereses. ¡Y qué cosa!, nos llamó obreros; sí, dijo que eramos obreros; que vivíamos engañados, que los ricos nos usaban, que nos ponían a pelear entre nosotros mismos; que... ¡No le digo qué ese tipo era subversivo! Sí, ¡un verdadero comunista! ¿Yo? Yo soy católico. Soy de los Caballeros de Colón, y, creo... ¡Creo no! ¡Estoy convencido! ¡Convencido de que los Comunistas, los Aleluyas, y los Pipiolos lo que quieren es destruir a nuestro país! Yo no; yo lo que quiero es defender la democracia. Siempre lo he hecho. Cuando era adolescente fui miembro del Civil Air Patrol. Cuando llegué a adulto serví en el U.S. Army; y cuando me licencié, ingresé en la Policía; a luchar por la ley y el orden; por la democracia. Yo soy americano. Americano de clavo pasao. Vivo orgulloso de ser ciudadano de los Estados Unidos. ¿Sabe, yo estuve estacionado en Fort Brag? Yo he visitado varias ciudades allá en el norte. No, no he visitado ningún otro país. Pues, me licenciaron un poco antes de tiempo; bueno, usted sabe... yo sólo hablaba un poco el Inglés; y no lo sabía leer ni escribir. Ese tipo era peligroso doctor. Lo sé; porque en la academia... No, no me refiero a esa, me refiero a la Academia de la Policía; allí nos mostraban películas de como son esos agitadores. Además me había caído mal con lo del discursito. Yo no soy un obrero. ¡Soy un profesional! Porque ser policía es ser un profesional. ¿Entiende? Obrero es el que no es profesional. Bueno, sí, me encuentro un poco nervioso; es que nunca había... Bueno, de vez en cuando daba mi bofetada o uno que otro macanazo; pero eso era antes de ser sargento. Desde que me ascendieron, usted sabe, ya uno no tiene necesidad; uno manda. ¿El próximo viernes? Está bien. Gracias por su ayuda. Sí, en la farmacia del Fondo del Seguro. Una cada seis horas. Bien, bien, pues... gracias.

“¡Caramba! ¡El doctorcito era buena gente; me va a recomendar favorablemente para la pensión! La oficina tiene su lujo; pero a la verdad que para estudiar medicina hay que quemarse las pestañas por largo tiempo. Tiempo... ¡Jum! tiempo es lo que me sobra a mí. Mucho tiempo... Todo el mundo tiene su lado flaco; el día que le robaron los vasos y los candelabros del altar de la iglesia al Cura, hasta el teniente pegó freno... En verdad me sorprendió cuando lo hizo, porque cuando supimos que los ladrones no habían respetado ni el sagrado templo y que se habían robado hasta el cáliz de la comunión, nos dio tanta rabia que... Bueno, recuerdo que el teniente me ordenó que le buscara a otros dos agentes más; para que juntos le arregláramos el asuntito ese al sacerdote; fue entonces, cuando el Padre Cura dijo que los cacos vivían en Canales; sí, ¡en el caserío Nemesio Canales! A la verdad que yo no había visto nunca al teniente tartamudeando. La cosa fue que pegó un frenazo que por poco deja las guaretas en la brea. Allá convenció al Padrecito de que para entrar al Caserío Nemesio Canales se necesitaba la Fuerza de Choque de la Policía; que Canales era territorio de nadie; y que él no deseaba arriesgar la vida de sus hombres. Y... ¡Y ese fue el mismo que me llamó blandito por lo de la huelga! ¡Blandito! ¡Más blandito es él que... ¡Ja! El Cura se quedó con la cara estirada, sin cáliz y sin candelabros. ¿Blandito? ¡So pendejo! Lo que pasa es que cada cual sabe como se bate el cobre; esos tipos de Canales no se quieren pa' na'; te limpian el pico sin encomendarse a nadie; y al otro día te encuentran con la boca llena de hormigas en un pastizal. ¡Y por el sueldo que a uno le pagan...!

¡Pobre infeliz, yo nunca quise... Le dije que se callara; se lo grité una y otra vez; pero siguió hablando y hablando. Todo porque ordené que se protegieran a los que querían entrar. Bueno, yo sabía que no eran empleados regulares, pero eso a mí me importa un pepino. El que quiera su trabajo que trabaje y que no se ponga a piquetear. Aquella mujer si que era tremenda artista; la verdad es que una cosa así para pasar un día completo echado... ¡no tiene precio! El mismo se lo buscó por seguir bembeteando; por no querer callarse, por eso... ¡Suerte que con la ayuda de mis compañeros todo quedó bien! Fue... un tiro que se le zafó a uno de los huelguistas. El caso se cerró y pa'lante. Bueno, no puedo quejarme; después del problemita, el Club Rotario me seleccionó Ciudadano del Año. Estoy a punto de pensionarme; y lo más importante es que la pensión no me impide conseguir algunos pesos adicionales con las chiripas que pueda hacer aquí y allá. Todo eso, más los cupones para alimentos; y con las conexiones que tengo... ¡Bueno para algo hice mis favorcitos! Lo del muerto fastidia; pero, sé que lo olvidaré; después de todo, no soy el primero. Todo es cuestión de tiempo. Cuestión de tiempo y del tratamiento...”


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©Andrés Díaz Marrero
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