Los primeros libros infantiles
Andrés Díaz Marrero



"Desde entonces, la batalla por la hegemonía entre el propósito didáctico y la finalidad estética, en la literatura infantil, continúa".

Los primeros libros, intencionadamente, destinados a los niños fueron, en su mayoría, producidos por pedagogos encargados de la instrucción de los hijos de los nobles y de las familias ricas. Predominaban en estos, las cartillas y abecedarios para enseñar a leer, los catecismos doctrinales, libros de historia, de fábulas, de aritmética, de modales y buenas costumbres, etc. Estos libros didácticos se enfrentaban, en aquel entonces, a las leyendas y cuentos folclóricos que, a pesar de su rudeza, capturaban la imaginación del niño.

Desde entonces, la batalla por la hegemonía entre el propósito didáctico y la finalidad estética, en la literatura infantil, continúa. De un lado están los que piensan que el propósito esencial de la literatura para niños debe ser didáctico. Según quienes así piensan, la función primordial de los cuentos y poemas es la de trasmitir conocimientos e instruir. Por otro lado, estamos, los que consideramos que la principal función de la literatura infantil es ser disfrutada.

Históricamente, los niños han demostrado predilección por las obras que les causan deleite y gozo, sobre aquellas, que bajo el disfraz de literatura infantil, procura instruirlos. En este particular, los niños, son mucho más sabios que los adultos, pues, saben distinguir entre lo utilitario y lo bello, entre lo material y lo espiritual. Y es, vale aclararlo de una vez y por todas, que, a nuestro entender, la literatura no se crea con un fin didáctico, sino estético; la belleza y su goce es su propia finalidad y la enseñanza que ésta pueda contener nos viene por añadidura.






©Andrés Díaz Marrero
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